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lunes, 7 de abril de 2008

OCTAVO MANDAMIENTO: MENTIRÁS

Por Eduardo Galeano / Página/12

Una mentiraHasta hace un rato nomás, los grandes medios nos regalaban, cada día, cifras alegres sobre la lucha internacional contra la pobreza. La pobreza se estaba batiendo en retirada, aunque los pobres, mal informados, no se enteraban de la buena noticia. Los burócratas mejor pagados del planeta están confesando, ahora, que los mal informados eran ellos.
El Banco Mundial ha dado a conocer la actualización de su International Comparison Program. En el trabajo participaron, junto al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras instituciones filantrópicas.
Ahí los expertos corrigen algunos errorcitos de los informes anteriores.

Entre otras cosas, nos enteramos ahora de que los pobres más pobres del mundo, los llamados “indigentes”, suman quinientos millones más que los que aparecían en las estadísticas.
Además, nos desayunamos de que los países pobres son bastante más pobres de lo que los numeritos decían, y que su desgracia ha empeorado mientras el Banco Mundial les vendía la píldora de la felicidad del mercado libre.

Y por si todo eso fuera poco, resulta que la desigualdad universal entre pobres y ricos había sido mal medida, y en escala planetaria el abismo es todavía más hondo que el de Brasil, país injusto si los hay.

Otra mentiraAl mismo tiempo, un ex vicepresidente del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, en un trabajo conjunto con Linda Bilmes, investigó los costos de la guerra de Irak.

El presidente George W. Bush había anunciado que la guerra podría costar, como mucho, 50 mil millones de dólares, lo que a primera vista no parecía demasiado caro tratándose de la conquista de un país tan rico en petróleo. Eran números redondos, o más bien cuadrados. La carnicería de Irak lleva más de cinco años, y en este período los Estados Unidos han gastado un millón de millones de dólares matando civiles inocentes. Desde las nubes, las bombas matan sin saber a quién. Bajo la mortaja de humo, los muertos mueren sin saber por qué. Aquella cifra de Bush alcanza para financiar apenas un trimestre de crímenes y discursos. La cifra mentía, al servicio de esta guerra, nacida de una mentira, que mintiendo sigue.

Y otra mentira másCuando ya todo el mundo sabía que en Irak no había más armas de destrucción masiva que las que usaban sus invasores, la guerra continuó, aunque había olvidado sus pretextos.

Entonces, el 14 de diciembre del año 2005, los periodistas preguntaron cuántos iraquíes habían muerto en los dos primeros años de guerra.

Y el presidente Bush habló del tema por primera vez. Contestó:
–Unos treinta mil, más o menos.

Y a continuación hizo un chiste, confirmando su siempre oportuno sentido del humor, y los periodistas se rieron.

Al año siguiente, reiteró la cifra.

No aclaró que los treinta mil se referían a los civiles iraquíes cuya muerte había aparecido en los diarios. La cifra real era mucho mayor, como él bien sabía, porque la mayoría de las muertes no se publica, y bien sabía también que entre las víctimas había muchos viejos y niños.

Esa fue la única información proporcionada por el gobierno de los Estados Unidos sobre la práctica del tiro al blanco contra los civiles iraquíes. El país invasor sólo lleva la cuenta, detallada, de sus soldados caídos. Los demás son enemigos, o daños colaterales, que no merecen ser contados. Y, en todo caso, contarlos resultaría peligroso: esa montaña de cadáveres podría causar mala impresión.

Y una verdadBush vivía sus primeros tiempos en la presidencia cuando el 27 de julio del año 2001 preguntó a sus compatriotas:

–¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional.

Esa vez, el presidente no mintió. El estaba defendiendo los fabulosos subsidios que protegen el campo de su país. “Agricultura americana” significaba, y significa nada más que “Agricultura de los Estados Unidos”.

Sin embargo, es México, otro país americano, el que mejor ilustra sus acertados conceptos. Desde que firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos, México no cultiva alimentos suficientes para las necesidades de su población, es una nación expuesta a presiones internacionales y es una nación vulnerable, cuya seguridad nacional corre grave peligro:

- actualmente, México compra a los Estados Unidos 10 mil millones de dólares de alimentos que podría producir;

- los subsidios proteccionistas hacen imposible la competencia;

- al paso que vamos, de aquí a poco las tortillas mexicanas seguirán siguen siendo mexicanas por las bocas que las comen, pero no por el maíz que las hace, importado, subsidiado y transgénico;

- el tratado había prometido prosperidad comercial, pero la carne humana, campesinos arruinados que emigran, es el principal producto mexicano de exportación.

Hay países que saben defenderse. Son pocos. Por eso son ricos. Hay otros países entrenados para trabajar por su propia perdición. Son casi todos los demás

sábado, 26 de enero de 2008

IRAQ-EEUU: Las 953 mentiras, una por una

Miren Gutiérrez
IPS





Entrevista a Check Lewis, director de la investigación que ha desvelado las falsedades





Ocho funcionarios clave del gobierno de Estados Unidos, incluido el presidente George W. Bush, realizaron al menos 953 declaraciones falsas en las vísperas y tras la invasión de Iraq en marzo de 2003.

Así lo indica una investigación que acaba de publicar en la capital estadounidense el Centro para la Integridad Pública y que dirigió Check Lewis, fundador de esta organización dedicada a elaborar informes periodísticos en profundidad sobre cuestiones de interés general. Lewis encomendó a sus investigadores rastrear todas las declaraciones de ocho de los principales funcionarios de Washington, entre el 11 de septiembre de 2001 y el 11 de septiembre de 2003, sobre la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Saddam Hussein y sus vínculos con la red terrorista Al Qaeda. Luego, el periodista ordenó esas declaraciones en forma cronológica, y las relaciona con los hechos que sucedían al mismo tiempo y con la información verdadera con la que contaba a la sazón el gobierno estadounidense. Entre los investigados figuran Bush, el vicepresidente Dick Cheney y quienes entonces encabezaban el Departamento de Estado (cancillería), Colin Powell, y el de Defensa, Donald Rumsfeld, así como la ex consejera de Seguridad Nacional y actual secretaria de Estado (canciller), Condoleezza Rice, y el ex subsecretario de Estado Paul Wolfowitz.

La lista se completa con los hoy ex portavoces de la Casa Blanca Ari Fleischer y Scott McClellan. Ahora resulta claro que el régimen de Saddam Hussein, ejecutado en la horca en diciembre de 2006, no poseía armas de destrucción masiva, y que tampoco tuvo vínculos con los atentados que el 11 de septiembre de 2001 se cobraron 3.000 vidas en Nueva York y en Washington. "Esta cronología cuestiona la reiterada afirmación de los funcionarios de la administración de Bush según la cual fueron meras víctimas inconscientes de mala inteligencia", indicó Lewis. "Consideremos las palabras eternas del fallecido historiador y biblotecario del Congreso, Daniel Boorstin, en su clásica obra de 1961, 'The Image' ('La imagen'): "Sufrimos, ante todo, no de nuestros vicios o nuestras debilidades, sino de nuestras ilusiones. Estamos obsesionados, no por la realidad, sino por aquellas imágenes que hemos puesto en lugar de la realidad'", anotó el periodista. "Estados Unidos fue a la guerra hace casi cinco años, luego de una campaña orquestada de declaraciones falsas de los principales funcionarios de la nación. Una guerra que comenzó bajo la ilusión de una amenaza inminente a la seguridad nacional. Estamos obsesionados por una guerra iniciada sobre premisas falsas", afirmó. Lewis habló con IPS sobre su informe, al que define como "una cronología pública y privada de la guerra en Iraq de 380.000 palabras, sin precedentes, que se puede rastrear en Internet, con declaraciones públicas entrelazadas con datos, discusiones y disensos internos". Por lo tanto, el estudio hinca el diente en aquello que los funcionarios "decían en público yuxtapuesto con lo que sabían" realmente. IPS: -- Usted clasificó declaraciones falsas de ocho altos funcionarios durante dos años. ¿Cuántas son, exactamente? ¿Se puede comparar la situación con la de otro periodo histórico? CHUCK LEWIS: -- Detectamos 935 declaraciones falsas. Bush hizo la mayoría. McClellan fue el que hizo menos. Que yo sepa, nunca nadie hizo, en ocasión de otra guerra de Estados Unidos, una cronología pública y privada de lo que dijeron funcionarios en relación con lo que sabían en su fuero íntimo. Esta situación no se puede comparar con las del pasado.

-- ¿Qué nos dice el orden cronológico de las declaraciones? ¿Fue una operación orquestada, sistemática?
-- La intensidad de las declaraciones (falsas) aumentó en las semanas anteriores a la resolución del Congreso (que autorizó el 10 de octubre de 2002 al Poder Ejecutivo a invadir Iraq) y en las vísperas de las elecciones de mitad de periodo (en diciembre de ese año). Esa intensidad se duplicó entre enero y marzo (de 2003). Fueron 935 declaraciones falsas en 532 diferentes ocasiones… Sí, fue una operación sistemática. Lo sabemos por la saturación de las declaraciones de funcionarios diciendo esencialmente lo mismo, 935 veces. Era imposible que se tratara de algo involuntario o de una coincidencia.
-- Separadamente, ustedes reunieron material procedente de más de 25 gobiernos, denunciantes internos y libros periodísticos publicados entre el 11 de septiembre de 2001 y fines de 2007. ¿Detectaron de este ejercicio patrones claros de la conducta de las autoridades estadounidenses? ¿Hubo consenso sobre la guerra de Iraq?
-- El patrón más perturbador es que, internamente -en la Casa Blanca, el Pentágono, en el Departamento de Estado (cancillería) y en la comunidad de inteligencia--, surgían cuestionamientos a las declaraciones de esos funcionarios y sobre sus ambiciones bélicas y, lo que es aun más importante, sobre la información de inteligencia que manejaban. Había visiones discordantes, según las cuales porciones clave de la "evidencia" eran engaños o simplemente no concluyentes. A los altos funcionarios se les recomendó, reiteradamente, que no dijeran algunas cosas en sus discursos, pero, también reiteradamente, las decían de todos modos. La gran novedad, para mí, es que el "consenso" era cualquier cosa menos unánime, como la Casa Blanca quería que todos creyeran. Cierta información de inteligencia que servía a los que se inclinaban fue exagerada, y se ignoró el cruzamiento de datos que sugería la inexistencia de amenazas inminentes a la seguridad nacional de Estados Unidos y de otros países. Esta es la conclusión de leer las

380.000 palabras que componen cronología pública y privada de la guerra en Iraq.
-- El gobierno de Bush hizo mucho ruido sobre el programa nuclear de Irán. Pero la Estimación de Inteligencia Nacional publicada en diciembre indica que Irán detuvo el desarrollo de un arma nuclear en 2003, y que no podría, al parecer, producir suficiente uranio enriquecido para una bomba hasta entre 2010 y 2015. ¿Hay similitudes entre esta situación y la inmediatamente anterior a la guerra en Iraq?
-- Las fuentes de inteligencia citadas por Powel en su discurso ante (el Consejo de Seguridad de) la ONU (Organización de las Naciones Unidas), en busca de respaldo internacional para la invasión no eran confiables. Había dudas dentro del gobierno, especialmente en las agencias de inteligencia. Pero igual siguieron con el espectáculo. En las semanas anteriores a la votación de (la autorización a la invasión a) Iraq en el Congreso, Bush y Cheney hicieron declaraciones tajantes sobre la amenaza de armas de destrucción masiva que, según hoy sabemos, eran falsas. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) no había hecho ninguna Estimación de Inteligencia Nacional al respecto porque Iraq no era visto como un foco potencial de conflicto. Y la Casa Blanca no había encomendado una Estimación… La información de inteligencia es una mercancía que debe ser resguardada de maniobras políticas.
-- El informe es parte de un libro que usted está preparando, sobre la verdad, el poder y el estado actual del periodismo. ¿Cuál es el estado del periodismo estadounidense luego de la guerra? ¿Por qué esta guerra fue diferente de otras del pasado para el periodismo?
--El estado del periodismo actual no es bueno. Económicamente demacrado, con miles de reporteros y editores despedidos desde 2000, se deja engañar con facilidad y no es suficientemente escéptico de los funcionarios, ni del gobierno ni del poder. Esta guerra se basó sobre premisas falsas desplegadas a lo largo de 18 meses ante nuestros ojos y los de todo el mundo, con casi toda la prensa estadounidense repitiendo taquigráficamente lo que decía el gobierno de Bush, amplificando la desinformación con poco escepticismo y pocos informes originales.

En la resolución (del Congreso) sobre el golfo de Tonkin de 1964 (que aumentó la presencia militar estadounidense en Vietnam y supuso una escalada de aquella guerra), la falsa premisa fue una agresión a buques de Estados Unidos que no era real. En medio de esos supuestos ataques y de la respuesta irreflexiva y adulona del Congreso a las propuestas bélicas del presidente, convertidas a la postre en ley, la cobertura acrítica de los medios de comunicación duró exactamente una semana. El periodismo no tenía posibilidades: la guerra era remota, las supuestas batallas se libraban en el mar, con frecuencia de noche, sin reporteros cerca. Dependía únicamente de la Casa Blanca y del Pentágono, que coordinaban sus mensajes…
-- Eso ocurrió hace pocos años. ¿Cuál es su importancia ahora?
-- Que la historia completa de por qué Estados Unidos fue a la guerra aún no fue totalmente contada. Con el paso del tiempo, se consolidarán las memorias y legados presidenciales y las mitologías. Lo que necesitamos son hechos: quién dijo qué, cuándo, qué sabían realmente antes de hablar. Esta cronología tiene eso en un solo lugar, es accesible y podrá actualizarse en los años venideros. Y eso es importante porque los presidentes toman decisiones sesgadas, humanas, que afectan a las naciones y al mundo, a miles y miles de vidas, y debe haber, en una democracia, un escrutinio independiente, responsable y factual de lo que fue verdad entonces y siempre lo será. Sin embargo, lo que el mundo necesita más es verdad en tiempo real, no años después. Gracias al debate de los cinco años transcurridos, periodistas y ciudadanos tal vez se vuelvan más escépticos y perspicaces hacia los políticos y poderosos.

domingo, 6 de enero de 2008

El hambre y la falta de vivienda se intensifican en ciudades de EE.UU.

Debra Watson
World Socialist Web Site


La cantidad de personas que padecen hambre y carecen de vivienda en las ciudades de EE.UU. volvió a aumentar dramáticamente en 2007, según el informe anual sobre el hambre y la falta de vivienda de la Conferencia de Alcaldes de EE.UU. El XXIII Estudio de Hambre y Falta de Vivienda fue publicado a fines de diciembre.

Los pedidos de alimentos de emergencia aumentaron en cuatro de cada cinco ciudades. Entre 15 ciudades con datos cuantificadores, el aumento medio en los pedidos de alimento fue de un 10% y en algunas ciudades fue muy superior. Detroit y algunas otras ciudades informaron que hubo más pobres con trabajo entre los que pedían alimentos.

En Detroit, los pedidos de alimentos de emergencia aumentaron en un 35% durante el período de 12 meses que terminó en octubre. Los funcionarios de la ciudad señalaron que “debido a una falta de recursos, las instalaciones de ayuda con alimentos de emergencia tuvieron que reducir la cantidad de días y / o horas de operación.”

Trece de 19 ciudades en el estudio informaron que no pudieron satisfacer las necesidades de alimentos de emergencia. Los Ángeles fue una de las principales ciudades que informaron sobre dificultades en la satisfacción de la creciente necesidad.

Un funcionario de Los Ángeles dijo: “Las instalaciones de ayuda con alimentos de emergencia tuvieron que rechazar gente. Según el Banco Regional de Alimentos de Los Ángeles, más de un 30% de sus despensas de alimentos tuvieron que rechazar clientes y las despensas que no lo hacen suministran menos alimentos.

“En 2002, una despensa de alimentos suministraba un promedio de ocho a diez diferentes artículos del USDA [Departamento de Agricultura de los Estados Unidos] por distribución. En estas fiestas de fin de año, las despensas de alimentos están suministrando tres artículos del USDA. Las despensas de alimentos están encargadas de servir a más clientes con la misma cantidad de recursos que tenían hace seis años. No se satisface un 21% de la demanda general para ayuda con alimentos de emergencia.”

En todas las ciudades, hay que rechazar un promedio de 15% de las familias con niños que piden alimentos de emergencia. Nueve de 10 ciudades analizadas en cuanto a detalles del hambre urbano dicen que para el próximo año esperan aumentos en los pedidos de alimentos.
Responsables municipales dijeron que entre los factores específicos que exacerbaron el hambre durante el año pasado estaban la crisis de la ejecución hipotecaria, los altos precios de los alimentos y de la gasolina, y la falta de viviendas asequibles. La disminución de los beneficios sociales como ser los subsidios públicos y la reducción del valor de los cupones alimentarios también fueron enumerados como problemas particularmente agudos. La falta de alimentos y artículos donados e insuficientes fondos fueron mencionados como la razón más importante para el rechazo de los hambrientos.

Aspectos económicos como el desempleo y la pobreza junto con altos costes de la vivienda y de la salud fueron los más citados por las ciudades que respondieron como causas mayores del hambre crónico. El abuso de drogas y las enfermedades mentales fueron las menos mencionadas.

Falta de viviendas
En 20 de las ciudades incluidas en el estudio, 193.183 personas tuvieron estadías en refugios de emergencia y / o viviendas transitorias en el año pasado. La duración promedio fue de seis meses para familias y de cinco meses para individuos, en comparación con ocho meses el año pasado.

Las estadísticas del estudio de los alcaldes mencionan estadías no duplicadas en instalaciones habitacionales temporales de las ciudades, queriendo decir que si se suministraba refugio, una estadía que dura semanas o meses es contada como una sola estadía no duplicada.

El estudio estableció que casi una de cuatro estadías no duplicadas en refugios es realizada por miembros de grupos familiares. La ratio de miembros de familias a solteros fue generalmente igual en los recuentos de gente sin vivienda compilados en otros sitios que documentan personas sin vivienda que reciben refugio en cualquier noche aislada.

En general, las ciudades informaron de aumentos reales en grupos familiares con niños en sus albergues transitorios o de emergencia durante el año pasado. Nueve de diez ciudades dijeron que más viviendas permanentes son necesarias para remediar el problema de la carencia de viviendas.

Las ciudades estudiadas agregaron miles de camas para recibir a los sin vivienda, pero la mitad de las ciudades informaron que rechazan gente parcialmente o todo el tiempo. En Phoenix, entre 7.000 y 10.000 personas no tienen albergue en cualquier noche dada y 3.000 no pueden ser recibidas por falta de camas.

Perfiles individuales de las ciudades provienen de la amplia gama de ciudades de EE.UU. que participan en el informe. Tienen promedios de ingresos per capita ampliamente diferentes y están ubicadas en varias partes del país. Por ejemplo, Santa Mónica, California, una ciudad de 83.000 con un ingreso per capita de 58.000 dólares, informa que 728 solteros y 142 grupos familiares con niños fueron albergados en 2007. Por contraste, Filadelfia, con una población de 1,4 millones y una tasa de pobreza de un 23%, informa de 8.103 individuos y 5.300 grupos familiares con niños en esta categoría.

Estos perfiles muestran sólo a los individuos que encuentran refugio. Miami, una ciudad de 360.000, informó que sólo 735 familias y 365 individuos estuvieron en refugios durante algún tiempo en el año pasado. Des Moines, una ciudad de mitad del tamaño de Miami, pero con un clima mucho más frío, informó que 3.632 familias y 2.435 individuos estuvieron en refugios para gente sin vivienda en 2007.

Limitaciones en los informes
Veintitrés ciudades cuyos alcaldes son miembros de la Fuerza de Tareas sobre el Hambre y la Falta de Vivienda de la Conferencia de Alcaldes de EE.UU. contribuyeron de alguna manera al informe para el año que terminó el 30 de octubre.

La sección de Perfiles de Ciudades del estudio incluye varios informes de programas de ayuda emprendidos por administraciones de las ciudades que reconocidamente están lejos de satisfacer las necesidades. Lo que es más importante, es que tomados en conjunto, esos informes locales, que detallan las condiciones ciudad por ciudad son más valiosos en el suministro de una cierta perspectiva de los problemas de hambre y falta de vivienda que en gran parte faltan en el discurso político en EE.UU. Las estadísticas sobre hambre y falta de vivienda son mucho más válidas cuando son comparadas con informes oficiales del gobierno que se basan en datos mucho más antiguos.

Una sección en el informe intitulada “Limitaciones de este estudio” apunta a esfuerzos emprendidos este año o planificados para el futuro para reunir datos más precisos. Esto aparentemente tiene lugar como reacción a críticos derechistas que han impugnado el valor del informe en años anteriores, afirmando que no constituye una muestra representativa y que exagera la extensión de la pobreza. Esta reacción de los autores del estudio ignora la verdadera razón del malestar de esos críticos – el deseo de limitar que salgan a la luz los flagelos gemelos del hambre y de la falta de vivienda característicos del paisaje social de las ciudades de EE.UU.
El estudio fue concebido primero por alcaldes demócratas cuando las poblaciones urbanas fueron afectadas por los recortes del presupuesto federal bajo el gobierno republicano de Ronald Reagan a comienzos de los años ochenta. La planilla de comparación año por año al final del informe ha sido un verdadero índice de la miseria, pasando por los años de Clinton y Bush, mostrando aumentos de dos dígitos casi para cada año en los pedidos de alimentos de emergencia y de refugio. Sin embargo, por motivos no declarados, el apéndice con la planilla histórica de 16 años comparando los resultados año por año del estudio es omitido este año.
Otra flagrante omisión muestra una manera como el informe subestima la seriedad de la crisis social en EE.UU. Nueva Orleans no es incluida en el estudio, y datos de esa ciudad son excluidos del informe desde el huracán Katrina en 2005.

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http://www.informationclearinghouse.info/article18980.htm

viernes, 16 de noviembre de 2007

Habla Jimmy Massey, ex marine que peleó en Iraq

“He sido un asesino psicópata”

Durante casi 12 años el sargento Jimmy Massey fue un marine de corazón duro. En marzo del 2003, llegó a Iraq con las tropas invasoras y dirigió a 45 hombres que no dudaron en matar a civiles inocentes. En estos días, Massey participa en la Feria del Libro de Caracas, donde presenta su libro Cowboys de Infierno, un crudo testimonio del genocidio que EE.UU. comete contra el pueblo iraquí

“Tengo 32 años y soy un asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mí los civiles son despreciables, retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy su perro pastor. Soy un depredador. En el Ejército me llamaban ‘Jimmy el Tiburón’.”

Este es el segundo párrafo del libro escrito hace tres años por Jimmy Massey, con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, que se está presentando en la Feria del Libro de Caracas. Cowboys de Infierno es el relato más violento que se haya escrito hasta ahora de la experiencia de un ex miembro del Cuerpo de Marines, uno de los primeros en llegar a Iraq durante la invasión del 2003 y que decidido a contar todas las veces que sean necesarias qué significa haber sido por 12 años un despiadado marine y por qué lo cambió la guerra.

Jimmy asiste como panelista al taller principal de la Feria, que tiene un título polémico: “Estados Unidos, la Revolución posible”, y su testimonio ha sido quizás el de mayor impacto en la audiencia. Lleva el pelo con un corte militar, espejuelos oscuros, camina con aires marciales y sus brazos están completamente tatuados. Parece exactamente lo que era: un marine. Cuando habla es otra cosa: alguien profundamente marcado por una aterradora experiencia que intenta evitarle a otros jóvenes incautos. Como asegura en su libro, no ha sido el único que mató en Iraq: esta fue una práctica constante entre sus compañeros. Cuatro años después de dejar la guerra, todavía vive perseguido por las pesadillas.

-¿Qué significan todos esos tatuajes?

-Tengo muchos. Me los hice en el Ejército. En la mano (señala la zona entre los dedos pulgar y anular), el logo de Blackwater, el ejército mercenario que fue fundado donde yo nací, en Carolina del Norte. Me lo hice en un acto de resistencia, porque los marines tienen prohibido tatuarse la zona que va de las muñecas a las manos. Un día los integrantes de mi pelotón nos emborrachamos y todos nos hicimos el mismo tatuaje: un cowboy de ojos inyectados en sangre sobre varias ases, que representan la muerte. Quiere decir exactamente eso que estás pensando: “mataste a alguien”. En el brazo derecho, el símbolo de los marines, con la bandera norteamericana y la Texas, donde me enrolé en el Ejército. En el pecho, del lado izquierdo, un dragón chino que desgarra la piel y significa que el dolor es la debilidad escapándose del cuerpo. Lo que no nos mata nos hace más fuerte.

-¿Por qué dijo que en el Cuerpo de Marines encontró las peores personas que usted ha conocido en su vida?

-Estados Unidos solo tiene dos maneras de usar a los marines: para tareas humanitarias y para asesinar. En los 12 años que yo pasé en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos jamás participé en misiones humanitarias.

-Antes de ir a Iraq usted reclutaba a jóvenes para que ingresaran en el Ejército. ¿Qué significa ser un reclutador en Estados Unidos?

-Ser un mentiroso. La administración Bush ha forzado a la juventud norteamericana para que se enrole en el Ejército y lo que básicamente hace –y yo hice también- es tratar de ganar gente con incentivos económicos. Durante tres años recluté a 74 personas, que nunca me dijeron que querían entrar en el Ejército para defender al país ni argumentaron ninguna razón patriótica. Querían recibir dinero para ir a una universidad u obtener un seguro de salud. Y yo les describía primero todas esas ventajas y solo al final les hablaba de que iban a servir a la patria. Jamás recluté al hijo de un rico. Para mantener el trabajo, los reclutadores no podíamos tener escrúpulos.

-Ahora el Pentágono ha relajado más los requisitos para entrar al Ejército. ¿Qué significa eso?

-Los estándares para el reclutamiento han descendido enormemente, porque casi nadie quiere enrolarse. Ya no es un impedimento tener problemas mentales ni antecedentes criminales. Pueden ingresar personas que han cometido felonías, es decir que han sido sentenciadas a más de un año de cárcel, lo que se considera un delito serio. Pueden ingresar muchachos que no han terminado los estudios preuniversitarios. Si pasan la prueba mental, ingresan.

-Usted cambió después de la guerra, pero ¿qué sentimientos tenía antes?

-Yo era como otro soldado cualquiera, que creía en lo que le decían. Sin embargo, desde que estaba reclutando comencé a sentirme mal: como reclutador tenía que mentir todo el tiempo.

-Sin embargo, creyó que su país se enrolaba en una guerra justa contra Iraq.
-Sí. Los reportes de inteligencia que recibíamos decían que Saddan tenía armas de destrucción masiva. Después descubrimos que todo era mentira.

-¿Cuándo se enteró que lo habían engañado?

-En Iraq, a donde llegué en marzo de 2003. A mi pelotón le tocó ir a los lugares que habían sido del Ejército iraquí y vimos miles y miles de municiones en cajas que llevaban la etiqueta norteamericana y estaban ahí desde que los Estados Unidos ayudaban al gobierno de Saddan en guerra contra Irán. Vi cajas con la bandera norteamericana y hasta tanques de EE.UU. Mis marines –yo era sargento de categoría E6, un rango superior al sargento, y dirigía a 45 marines- me preguntaban por qué había municiones de nuestro país en Iraq. No entendían. Los informes de la CIA afirmaban que Salmon Pac era un campo de terroristas y que íbamos a encontrar armas químicas y biológicas. No encontramos nada. En ese momento empecé a pensar que nuestra misión realmente era el petróleo.

-Las líneas más perturbadoras de su libro son esas donde usted se reconoce como asesino psicópata. ¿Puede explicar por qué lo dice?

-He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quien me educó para que fuera un gangster de las corporaciones estadounidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos ensañaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar a mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios.

-¿Qué experiencia exactamente le hizo a usted llegar a esa conclusión?

Hubo varias. Nuestro trabajo era ir a determinadas áreas de las ciudades y ocuparnos de la seguridad en las carreteras. Hubo un incidente en particular -y muchos más- que realmente me llevó hasta el borde del precipicio. Afectó a un coche que llevaba civiles iraquíes. Todos los informes de inteligencia que nos llegaban decían que los carros iban cargados con bombas y explosivos. Esa era la información que recibíamos de la inteligencia. Los carros llegaban a nuestros controles y hacíamos algunos disparos de advertencia; cuando no detenían su marcha a la velocidad que indicábamos, disparábamos sin contemplaciones.
-¿Con las ametralladoras?

-Sí. Esperábamos que hubiera explosiones al acribillar cada vehículo. Pero nunca oímos nada. Luego abríamos el carro y ¿qué encontrábamos?: muertos o heridos, y ni una sola arma, ninguna propaganda de Al Qaeda, nada. Salvo civiles en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

-Usted también relata cómo su pelotón ametralló una manifestación pacífica. ¿Es así?

-Sí. En los alrededores del Complejo Militar de Rasheed, al sur de Bagdad, cerca del río Tigris. Había manifestantes al final de la calle. Eran jóvenes y no tenían armas. Y cuando avanzamos había ya un tanque que estaba aparcado a un lado de la calle. El conductor del tanque nos dijo que eran manifestantes pacíficos. Si los iraquíes hubieran querido hacer algo podían haber volado el tanque. Pero no lo hicieron. Sólo estaban manifestándose. Eso nos hizo sentirnos bien porque pensamos: "Si fueran a dispararnos, lo habrían hecho ya". Ellos estaban como a 200 metros de nuestro retén.
-¿Quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes?

-Del alto mando nos dijeron que no perdiéramos de vista a los civiles porque muchos fedayines (combatientes) de la Guardia Republicana se habían quitado los uniformes, se habían puesto ropas de civiles y estaban desencadenando ataques terroristas contra los soldados estadounidenses. Los informes de inteligencia que nos daban eran conocidos básicamente por cada miembro de la cadena de mando. Todos los marines teníamos muy clara la estructura de la cadena de mando que se organizó en Iraq. Yo creo que la orden de disparar a los manifestantes vino de altos funcionarios de la Administración, eso incluía tanto a los centros de inteligencia militar como gubernamental.

-¿Usted qué hizo?

-Yo regresé a mi vehículo, un humvee (un jeep altamente equipado) y escuché un tiro por encima de mi cabeza. Mis marines empezaron a disparar y yo también. No nos devolvieron ningún disparado, mientras que yo había disparado 12 veces.
Quise asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios. Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna.

-¿Y sus superiores cómo reaccionaron?

-Me dijeron que “la mierda ocurre”.

-Cuando sus compañeros se enteraron que habían sido engañados, ¿cómo reaccionaron?

-Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. “¿Tú puedes hablar con el teniente?”, me preguntaron. “Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate”. La respuesta fue: “No”. En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.

Nuestra primera misión en Iraq no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Iraq, estuvimos en Kuwait. Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.

-Usted también ha denunciado el uso del uranio empobrecido
-Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Iraq. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Iraq.

-¿Qué ocurrió cuando regresó a Estados Unidos?

-Me trataron como un loco, un cobarde, un traidor.

-Sus superiores han dicho que es mentira todo lo que ha contado.

-La evidencia contra ellos es abrumadora. El Ejército norteamericano esta agotado. Mientras más tiempo dure esta guerra, más posibilidades habrá de que mi verdad aparezca.

-El libro que usted ha presentado en Venezuela está editado en español y en francés. ¿Por qué no se ha publicado en Estados Unidos?

-Las editoriales han exigido que elimine los nombres reales de las personas que están involucradas en su historia y que presente la guerra en Iraq como envuelta en una neblina, menos crudamente. No estoy dispuesto a hacerlo. Editoriales como New Press, supuestamente de izquierda, se negaron a publicarlo porque temían verse envueltas en un pleito presentado por la gente involucrada en el libro.

-¿Por qué medios como The New York Times y The Washington Post jamás reprodujeron su testimonio?

- Yo no repetía el cuento oficial, de que las tropas estaban en Iraq para ayudar al pueblo, ni repetía que los civiles morían por accidente. Me negué a decir eso. No había visto ningún disparo accidental contra los iraquíes y me negué a mentir.

-¿Ha cambiado esa actitud?
-No. Lo que han hecho es incorporar opiniones y libros de personas con objeciones de conciencia: que están contra la guerra en general o que participaron en la guerra, pero no tuvieron este tipo de experiencia. Se resisten todavía a mirar de frente la realidad.

-¿Tiene fotografías o documentos que prueben lo que usted nos ha contado?
-No. Me quitaron todas mis pertenencias, cuando me ordenaron regresar a Estados Unidos. Regresé de Iraq solo con dos armas: mi mente y un cuchillo.

-¿Habrá alguna salida a corto plazo para la guerra?

-No. Lo que veo es una misma política entre demócratas y republicanos. Son la misma cosa. La guerra es un negocio para ambos partidos, que dependen del Complejo Militar Industrial. Necesitamos un tercer partido.

-¿Cuál?

-El del socialismo.

-Usted ha participado en un taller cuyo título es “Estados Unidos: La Revolución es posible”. ¿Cree que realmente que habrá revolución en EE.UU.?

-Ya comenzó. En el sur, donde yo nací.

-Pero esa ha sido tradicionalmente la zona más conservadora del país.

-Después del Katrina eso cambió. Nueva Orleáns se parece a Bagdad. La gente del sur está indignada y se pregunta todos los días cómo es posible que se atrevan a invertir en una guerra inútil y en Bagdad, cuando no lo han hecho en Nueva Orleans. Recuerda también que en el Sur se inició la primera gran rebelión del país.

-¿Iría usted a Cuba?

-Admiro a Fidel y al pueblo de Cuba y por supuesto, si me invitan, yo iré a la Isla. No me importa qué me diga mi gobierno. Nadie controla a dónde yo voy.

-¿Sabe usted que el símbolo del desprecio imperial hacia nuestra nación es una fotografía de marines mientras orinaban sobre la estatua de José Martí, el Héroe de nuestra Independencia?

-Si, lo sé. En el Cuerpo de Marines nos hablaban de Cuba como una colonia de los Estados Unidos y nos ensañaron algo de Historia. Parte de la formación de un marine es aprender algunas cosas de los países que habrá que invadir, como dice la canción.

-¿La canción de los marines?

-(Canta) From the halls of Montezuma, to the shores of Tripoli… (Desde las salas de Montezuma hasta las playas de Trípoli...)

-Es decir, los marines quieren estar en todo el mundo.

-El sueño es dominar al mundo…, aunque por el camino nos conviertan a todos en asesinos.
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Jimmy Massey es actualmente uno de los principales activistas de la organización Veteranos de Iraq contra la guerra (Iraq Veterans Against the War, IVAW)